Hablamos de los síntomas físicos y/o anímicos que también pueden sufrir los papás durante el periodo de gestación y embarazo de la mujer: ¿Cómo llevan los hombres el embarazo de su mujer?

Más allá de que lo se suela creer, yoyoramer, es importante ser conscientes de que los cambios en el embarazo no sólo pueden afectar a la mujer, sino que en algunos casos, también se sufren desde el otro lado de la pareja. Los futuros papás pueden llegar a padecer exactamente los mismos síntomas que tienen sus mujeres embarazadas, y a este curioso fenómeno se le conoce como el “Síndrome de la Covada” o “Síndrome de Couvade”. ¿Cómo llevan los hombres el embarazo de su mujer?

Este síndrome recibe dicho nombre a raíz de la palabra francesa “couver”, que significa en concreto incubar, y con él podemos referirnos a todos aquellos síntomas involuntarios y asociados a la gestación, que no tienen ninguna causa física aparente que les de origen.

Pero independientemente de que no exista alguna razón física o biológica desde la que poder explicar de manera más profunda este suceso, es la conexión emocional establecida entre las parejas lo que provoca a veces que los papás también comiencen a sentir cambios desde el preciso momento en el que se enteran del embarazo.

¿Cómo llevan los hombres el embarazo de su mujer?

De dónde viene el Síndrome de la Covada

En el pasado, cuando el término “Síndrome de la Covada” fue descubierto y usado por primera vez por un antropólogo francés, lo primero en lo que se fijaron fue que el hombre empezaba a imitar los dolores del parto de la mujer, y dejaba de atender a sus responsabilidades diarias (como los trabajos físicos). Además, cuando nacía el bebé, lo ponía sobre su pecho para imitar el acto del amamantamiento. Del mismo modo, algunos síntomas más modernos de este síndrome son: los vómitos, los mareos, el dolor abdominal y dental, los cambios en el apatito, la fatiga, el insomnio, el estreñimiento, los problemas intestinales y los cambios de peso, entre otros.

No se termina de conocer la causa exacta que provoca este síndrome, aunque hay diferentes teorías y explicaciones que tratan de arrojar luz sobre el asunto, ninguna consigue explicar de verdad los misterios del fenómeno.

Desde algunas de esas teorías, se cree que todo esto puede tener que ver con un exceso de empatía (por parte del padre) hacia el embarazo de la mujer, y es precisamente ese exceso de emotividad y sentimiento lo que podría ser capaz de provocar los cambios físicos que sufren los papás que padecen este tipo de trastorno.

También se han realizado varios estudios que han demostrado que los hombres que sufren el “Síndrome de la Covada” también tienen ciertas alteraciones hormonales, como por ejemplo una disminución en los niveles de testosterona y un aumento en los niveles de prolactina.

La testosterona es la hormona por excelencia de los hombres; aquella que le lleva a la fuerza, al dominio y a la agresividad. Así pues, cuando la pareja está embarazada, dicha hormona comienza a descender, presentando su nivel más bajo concretamente durante las 3 semanas anteriores al parto, llegando a cifras de hasta un 33 por ciento menos de lo que suele ser habitual.

Por su parte, ocurre lo contrario con la prolactina. Esta hormona aumenta un 20% durante el mismo periodo de tiempo, y gracias a ella, los hombres son capaces de desarrollar nuevos y diversos instintos paternales, tales como agudizar el oído para escuchar con mayor precisión los llantos del bebé. Además, también provoca que disminuya el instinto sexual mientras dure el periodo de gestación.

Así pues, y en relación con esta bajada de testosterona ya comentada, una de las posibles causas más defendidas que explicaría el origen del “Síndrome de Couvade”, podría ser la ansiedad y el estrés que suponen los cambios que va a afrontar la pareja en cuanto se produzca la llegada del bebé.

Y es que, como bien sabréis muchos de los papás que nos leéis, es perfectamente normal que los hombres experimenten cuadros de ansiedad como consecuencia de la proximidad de su paternidad. Síntomas como el insomnio, la fatiga, las subidas de tensión y el estrés, no es algo que únicamente experimenten las mujeres. El hombre, como ya hemos dicho, también comparte y exterioriza las preocupaciones sobre el embarazo de su mujer.

¿Cómo llevan los hombres el embarazo de su mujer?

El miedo de ser padres

Todo esto ocurre debido a su inquietud sobre el desarrollo del embarazo, y el estrés que genera estar pendiente de todas las pruebas médicas y el estado de salud de la pareja. Además, el mero hecho de cuestionarse si estarán preparados para el parto o si serán buenos padres una vez nazca el bebé, es otro importante factor a tener en cuenta. En estos casos, cuanto más involucrado pueda estar el hombre durante el proceso de embarazo, más confianza podrá tener en sí mismo, y todo esto terminará transmitiéndoselo a su pareja.

Por ello, yoyoramer, es aquí donde reside parte del remedio y la solución.

Del mismo modo, también algunos psicólogos se atreven a formular una teoría que atribuye este problema a los celos. Sí, has leído bien yoyoramer.

Esta teoría defiende cómo, de manera inconsciente, los hombres que padecen este fenómeno pueden llegar a sentir celos, bien de la madre (protagonista absoluta del proceso de embarazo) que siente dentro de ella el desarrollo del bebé; o bien del mismo bebé, pues consideran que podría quitarles en algún momento la exclusividad, el encanto y el protagonismo de la vida en pareja. Por tanto, el desarrollo de estos síntomas ya comentados, no sería sino una forma más (inconsciente, eso sí) de exteriorizar sensaciones y llamar la atención, siempre según estas teorías.

Esto último también podría enlazarse a largo plazo con otro aspecto más que interesante, que son los cambios químicos que ocurren dentro del cerebro de los hombres, una vez el niño, o la niña, ya han nacido. Es decir, toca abandonar por un momento el periodo de embarazo, y detenernos a explicar qué otros cambios experimentan los hombres cuando su pareja ya ha dado a luz.

Así pues, la química del cerebro del hombre también le lleva a desarrollar su instinto protector hacia sus hijos, así como cierta sensación de satisfacción. Según un estudio realizado en Australia a más de 200 parejas, cuando el bebé sonríe al padre por primera vez (al cambiarle el pañal o al darle la comida, por ejemplo), el denominado “circuito de recompensa” del hombre (todo aquello que ocurre dentro de nuestro cerebro y que fomenta los incentivos, el aprendizaje asociativo y, en general, cualquier tipo de emoción positiva) se activa, haciéndole sentir muy bien, y reforzando enormemente el vínculo afectivo con su hijo.

Por eso yoyoramer, resulta de vital importancia que haya contacto diario del padre con el bebé, y la mujer tiene que comprender también que debe dejar a su pareja ser parte de su cuidado desde el primer momento, independientemente de las aptitudes que tengan ambos en la materia.

Aunque a veces de algo de pereza y lo fácil sea escaquearse de ciertas rutinas, colaborar directamente en el proceso de cuidado de los bebés resulta muy beneficioso para los papás. Todo esto al final tiene ventajas MUY considerables, siendo una de ellas, como ya hemos dicho, para el padre. Y es que esto le ayuda a desarrollar grandes cantidades de oxitocina, la hormona del placer, lo que le hace sentirse muy bien consigo mismo. Es decir, se trata de un proceso que no solo repercute físicamente en ellos, sino que psicológicamente, cuando los efectos son positivos, resulta saludable para su estado anímico, así como muy recomendable para cuidar su autoestima.

¿Cómo llevan los hombres el embarazo de su mujer?

Pero los beneficios de este papel coprotagonista del padre no terminan aquí, sino que también tiene ventajas para el propio niño (o la niña). Y es que, esto ayuda a que los pequeños de la casa ganen más confianza en sí mismos. Del mismo modo, la forma de jugar que suelen tener los padres, cuyo encanto reside en que se diferencia bastante de las de las madres (hacer trampas, saltarse las reglas, etc.), es también un estímulo distinto que fomenta el aprendizaje del hijo.

Sobra decir que la ventaja de este coprotagonismo practicado durante los primeros meses tras el parto, repercute también en la propia relación de pareja. Aunque el bebé, lógicamente, resulta un factor de estrés añadido para cualquier relación, el hecho de contar con un padre activo, involucrado y participativo desde el primer momento, refuerza los lazos sentimentales de la pareja. La madre también debe poner de su parte y colaborar, por supuesto (sobre todo apoyando las decisiones del papá), pero por todo lo que acabamos de comentar, consideramos que vale la pena intentarlo, ¿no crees?

En definitiva, no es de extrañar que estas reacciones químicas del hombre comiencen cuando se conoce la noticia de su paternidad, extendiéndose luego durante toda la vida. Aunque el objetivo principal sea la crianza, el hecho de ser padre también presenta beneficios personales para los varones, como ya hemos comentado, ayudándoles a descubrir nuevas capacidades emocionales donde, desde el cuidado de su propia autoestima, hasta el disfrute de la cotidianidad del día a día, convierten el papel del padre en una experiencia realmente enriquecedora.

¿Qué más síntomas llega a padecer el papá?

Por último, nos gustaría terminar el artículo centrándonos en un último aspecto que explica, en parte, lo mencionado al comienzo del texto, y para ello hemos contado con la opinión de Montse García Vega, ginecóloga en el Hospital HM Montepríncipe de Madrid.

Ella nos comentaba cómo, más allá de los aspectos que hemos destacado que puede llegar a sufrir un hombre durante el embarazo, “otro de los momentos más duros por los que pasa la pareja es la depresión puerperal de la mujer”.

Tal y como recoge en uno de sus artículos publicados para Cuadernos de Medicina Psicosomática, Montse nos explica que “la mayor incidencia de depresión se suele concentrar en las primeras semanas posparto, y entre las causas que la generan destaca por encima de las demás, el gran estrés que supone de por sí un parto. El grave temor de que algo salga mal, puede complicar entre el 6% y el 10% de las gestaciones, y en ocasiones conduce a la solicitud de una cesárea electiva”.

Todo este temor se manifiesta en síntomas como: pesadillas, molestias físicas, dificultades para concentrarse en el trabajo o en las actividades familiares, nauseas…

Pero es que además, este miedo no es un mero problema aislado, sino que está relacionado con las características personales de la mujer, sobre todo con la presencia de cierta ansiedad generalizada. Y es que, una gran mayoría de mujeres embarazadas admiten estar nerviosas o ansiosas ante lo desconocido; ante la llegada de un parto inminente; y ante la posibilidad de que cualquier cosa salga mal. Y es aquí donde entra en juego el papel del padre, pues la falta de comunicación en una pareja, sumada a la no aceptación de un embarazo, o simplemente a la escasa información recogida en lo referente al embarazo y al cuidado del niño, pueden hacer que todos estos síntomas vayan a peor.

Se cree que esto está directamente relacionado con el “Síndrome de la Covada” mencionado más arriba, pero aplicado a los meses posteriores al parto, en vez de a los previos. Además, Montse nos comentaba que el estrés durante el periodo de gestación, supone “uno de los factores psicosociales fundamentales en la aparición de trastornos del estado de ánimo en la gestante, pero que pueden terminar desencadenando con posterioridad, tanto trastornos físicos en la madre, como psicofísicos en sus hijos y en su pareja”.

La conclusión a la que llegaba Montse es que el compartir estrechamente estas emociones en el ámbito familiar, acaba afectando de alguna manera a las parejas, y, por tanto, se puede deducir que “favorece la aparición de cambios en su psique y corporalidad”. De ahí la relación con el ya tan mencionado síndrome, pero con la diferencia de que la depresión puerperal acaba afectando de manera recíproca a ambos miembros de la pareja.

La experiencia de ser padres supone todo un desafío.

Ya sea en lo social, sentimental, anímico, o corporal, es un acontecimiento que te cambia completamente la vida. Esperamos que esto os haya servido para valorar y conocer, aunque sea un poquito más, el proceso tan curioso, pero a la vez olvidado, por el que también pasáis durante estos meses tan especiales e importantes.